viernes, 5 de julio de 2013

Estambul con un bebé de 6 meses




Estambul es una ciudad que no hay que perderse en esta vida. 

Situada entre dos mares, y confundiendose entre oriente y occidente, encontrareis una ciudad con embrujo, preciosa, caótica, magnética, increíble. Nuestra experiencia en ella, con nuestro hijo de 6 meses, ha sido muy positiva. Me alegro muchísimo de haber hecho este viaje con el bebé y lo recomiendo a los padres que puedan tener alguna duda por tema de viajar con sus hijos a ciudades no europeas (de momento aún no ha entrado en la Unión). 

Es cierto que las calles adoquinadas y las cuestas, pusieron difícil el andar con nuestro carrito, pero no imposible. Tenemos la suerte de que Unai se duerme sin problemas cuando vibra su carro, así que parte del día lo pasaba durmiendo en él.  El resto del tiempo cotilleandolo todo, se dormía de no dejar descansar la vista creo yo, debía terminar agotado de ver tantas cosas nuevas!
Además recibía cantidad de piropos de la gente con la que nos cruzábamos. Medio Estambul le ha dicho algo bonito a mi hijo! Incluso le hacían regalos en los bazares (ojos turcos, golosinas, amuletos...)

En las entradas a las mezquitas suelen haber escalones, así que, nos tocaba subir a cuestas con el carro. Los turcos, son muy amables (muchísimo) y siempre había alguien dispuesto a ayudarnos a subir. 
Antes del viaje nos agenciamos una sillita que plega en tijera, por el módico precio de unos 70 euros (la idea era que no nos doliera si se partía en dos a mitad del viaje jajaja). Lo superó bastante bien la verdad. También fuimos con una mochila porta-bebés, que apenas utilizamos, ya que al final nos apañamos muy bien con el carro. No se puede entrar en las mezquitas con zapatos, asi que, mucho menos con carritos. 
Al llegar a la entrada siempre montábamos un poco el "circo": pliega carrito, coge al niño, quítate los zapatos, ahora yo, coge al niño, mochila, bolsa para llevar los zapatos, chaquetas... Pero, vale la pena. 

Las mezquitas son lugares exquisitos, que hacen respirar fe. Es cierto que la religión musulmana, con todos mis respetos (ya que a mi también me gusta que me respeten mis ideas), falla en muchas cuestiones como libertades, derechos e igualdades, pero eso no quita, que al entrar en una mezquita te sientas rodeada de misticismo y espiritualidad a tope. Era un buen momento para dejar que el niño rodara por la moqueta.

La comida, muy europea: buen pescado, fruta, vegetales, cordero, pollo... Los kebaps hay que probarlos, ya que son distintos a los que conocemos en España. Hay algo muy tipico que se llama "Kumpir ", es una patata asada abierta en dos, que le introducen ingredientes como mantequilla, tomate, queso, salsa de yogur... A la elección de cada uno. La zona más típica para comerla es Ortakoy.

Arriba del Cuerno de Oro, (se accede en teleférico) se encuentra el Café de Pierre Lotti, este escritor se enamoró de la ciudad y de una chica que vivía en esa zona, y subía a la colina a escribir. La vista es fantástica y si os tomáis un té de manzana (aunque no os guste el té, esta riquísimo) será un momento inolvidable, como lo fue para nosotros.

Nos alojamos las cinco noches en  "Hotel Momento", hay muy buena conexión con las líneas de tranvía, esta muy cerca del Gran Bazar y por las noches puedes encontrar sitios muy distintos para cenar. Es un hotel boutique chiquitito, pero la habitación estaba muy nueva y limpia y el desayuno aunque no fuera un super buffet, tenía más que suficiente. Si tuviera que volver, no me importaria en absoluto. Oh! Tambien contaros que es posible que a las 5,30 de la mañana, oigais a algun imán llamando desde su mezquita a la oración :-)

El hotel lo contratamos junto con los vuelos (vía internet) en la agencia "Karnak Travels". Por cierto, los vuelos directos desde Valencia - Estambul, en la compañía de Turkish Airlines. Nos salieron mejor de precio a cogerlos nosotros por nuestra cuenta. Además el paquete incluía los 3 primeros días de excursiones con guía y chofer. Tuvimos la grandísima suerte de que en nuestro grupo sólo venían dos chicas más, así que disfrutamos de que nos explicaran historia y cultura a lo largo de todo Estambul de forma casi privada. Además no tuvimos que hacer colas para entrar en Topkapi, la Mezquita Azul o las Cisternas, ya que el guía ya llevaba las entradas y nos colaba con un morro que para qué contar...

Por último, vuelvo a insistir en que no os lo penséis si tenéis oportunidad de visitar esta ciudad, con o sin niños. Es maravillosa.


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